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Se jubila Raúl Castro y el PC define un cambio generacional de cara al futuro de Cuba
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Se jubila Raúl Castro y el PC define un cambio generacional de cara al futuro de Cuba

El Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC) marcará el anunciado retiro de Raúl Castro y confirmará no sólo el ascenso a la cúpula del poder político de la segunda línea de dirigentes, que lidera el presidente Miguel Díaz-Canel, sino también el fin del castrismo, que luego de décadas de augurios y especulaciones, se da no por alguna rebeldía contrarrevolucionaria sino por el implacable paso del tiempo.


Cuando termine el Congreso, el próximo lunes, Raúl Castro, pasará a sus 89 años a disfrutar del retiro y la Cuba que marcó a fuego la segunda mitad del siglo pasado no tendrá por primera vez desde 1959 a un Castro en la cima del poder.


Al líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, al igual que ahora a su hermano, no los venció la política sino el almanaque.


Fidel tuvo un severo problema de salud en 2006 y delegó el poder formalmente a su hermano Raúl en 2008, pero vivió lúcido y agudo hasta su muerte, a los 90 años, el 25 de noviembre de 2016.


El inminente jubilado Raúl Castro, eterno segundo de su hermano, aunque sin el liderazgo carismático de Fidel, manejó estos años de transición hacia una generación más joven, y tuvo un pico de protagonismo en marzo de 2016, con la visita a La Habana del entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en el mayor acercamiento desde que Washington decretara el embargo, aún vigente, en 1962.


La reconstrucción de ese vínculo tras el vendaval que significó la Presidencia del republicano Donald Trump, es un tema que deberá abordar la próxima conducción del PCC, una de las dos principales patas del poder en Cuba. La otra son las Fuerzas Armadas.


En abril de 2019 se aprobó una nueva Constitución que defiende el carácter "irreversible" del socialismo en el país. Es "hija de su tiempo y refleja la diversidad de la sociedad", dijo entonces Raúl Castro.


"Lo que se discute ahora con el Congreso es quién se queda con el partido. Ese es un elemento clave, porque si realmente Raúl sale y sale con él la vieja burocracia más conservadora, puede haber algún cambio en la manera en cómo el partido se orienta y se mueve y en la manera en que la élite política se orienta hacia posibles cambios menores", afirmó ante una consulta de Télam el historiador cubano Haroldo Dilla Alfonso, hoy director del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat, de Chile.


"Díaz-Canel nos puede sorprender a todos, tal y como Adolfo Suárez sorprendió a toda la élite política española del posfranquismo, y hacer la apertura, pero lo dudo mucho; sobre todo porque en este caso no hay un desbande de la clase política, sino que la clase política está ahí. Ahí están los militares, ahí está el Partido Comunista. Y también porque siempre hay esperanza de un apoyo externo que puede ser funcional", agregó Dilla Alfonso.


El historiador cubano, que se fue de la isla en 2001 y en malos términos, afirmó que "la mentalidad cubana es ser subsidiada, Cuba tiene una cultura de subsidio muy fuerte". Esa cultura arranca con México en la época de la colonia, afirma, y ya en tiempos más contemporáneos, ubica a la Unión Soviética y a Venezuela.


"Ahora esa posibilidad de recibir subsidios se corporiza con los chinos, con los rusos... o sea, con la posibilidad de que estos actores que le disputan la hegemonía a Estados Unidos puedan ver en Cuba una especie de pivote geoestratégico. No al nivel como lo hicieron los soviéticos, pero sí apoyar a este sistema. Mientras exista esa posibilidad de apoyo puede haber una resistencia a la idea de conseguir aperturas para una normalización con Estados Unidos", afirmó.


En este contexto, el presidente del centro de análisis Diálogo Interamericano, Michael Shifter, le dijo a la agencia de noticias AFP que la nueva conducción del partido tendrá que afrontar "la tarea de construirse su legitimidad, que solo podrá emanar de un proyecto político propio, que traiga prosperidad económica con justicia social para Cuba".


Pero este camino no es llano. Para Dilla Alfonso, Díaz-Canel "tiene varios problemas. Uno es que la economía no levanta y entonces está expuesto a cualquier sobresalto. Y la única manera de resolverlo es con una mayor apertura a la economía privada y producir un ajuste de los gastos del Estado, con mayor énfasis en la inversión. Y esto, inevitablemente, produce un deterioro de los apoyos populares al sistema".


En todo caso, en el eje de temas por resolver para la conducción del PCC que salga de este Congreso, el primero que se hace tras la muerte de Fidel Castro, está siempre la relación con Estados Unidos, cuyo presidente, Joe Biden, no ha dado muestras de volver sin más al estado de relaciones que dejó Obama, cuando él era su vice.


Biden, se descarta, pedirá para volver a aquel estado una serie de condiciones, aperturas económicas y políticas, que el gobierno de Cuba no estará en condiciones de resolver sin un fuerte costo interno.


Hay una serie de intereses económicos, que facilitarían un acercamiento, y tanto Washington como La Habana lo saben. Desde la frustrada apertura de Obama muchos productores estadounidenses, básicamente agrarios, quedaron prendados con la idea de comerciar con la isla Estados Unidos.


En contraposición Cuba tiene para ofrecer sus avances en el cambio de la biotecnología y en la farmacéutica, bienes no menores en estos tiempos de pandemia de coronavirus. Estos temas, entre otros de los que depende el futuro, subyacen en lo que resuelva el Congreso del PCC.


Fuente: Télam


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