En el centro del escenario, la directora evoca la figura de Domingo Faustino Sarmiento, recordando aquel 11 de septiembre de 1888 en que el prócer sanjuanino pasó a la inmortalidad. Se habla de las más de 800 escuelas fundadas, de los cimientos de la educación pública y del legado de quien entendió que el progreso de una nación se cultiva en el aula.
Sin embargo, el homenaje cobra su verdadero sentido cuando la palabra pasa a los alumnos. Una pequeña de cuarto grado toma el micrófono para dedicar un poema a su maestra, cuyos ojos entornados delatan la emoción contenida. En ese instante, la figura histórica de Sarmiento trasciende los libros de texto para encarnarse en cada docente que, día a día, mantiene encendida la chispa del aprendizaje.
Entre aplausos, diplomas de reconocimiento y el tradicional regalo entregado por los estudiantes, el acto concluye. Las aulas quedan momentáneamente vacías, pero el compromiso con la enseñanza permanece intacto, reafirmando una vez más que educar sigue siendo el acto de transformación más poderoso de todos.



